jueves, 18 de diciembre de 2008

La teminal del amanecer

Conteniéndome del maldito amor
que busca mi medula espinal
para controlar mi cuerpo putrefacto,
voy a correr el riesgo de la noche
y jugaré al balero con mis amigos;
se que ellos son esas ratas que no tuve
cuando yo era niño o aquel Cowboy
que necesitaba para matar indios.
Comenzare con la letra de mi nombre,
si es que mi nombre proviene del alfabeto
que aprendí en la escuela de los Titanes,
en aquel pozo lleno de agua y lama.
Estoy cansado de fumar siempre el mismo
tabaco: impuro y sin color que me da la tierra
para poder ensuciar mi alma alojada
en el pecho, no sé si hay un alma dentro
aparte del estiércol que comí con mi perro
en la bañera del hotel cuando la luna
se encontraba en los pezones de las putas.
Estamos caminando en tierra de muertos
y piedras agonisantes de aire,
creemos que el fuego es la luz del día
y nos quema las pestañas al despertar:
pones un pie en el suelo y te hieres
con el despertador sonando en tus sienes
y el cigarro que en la noche no fumaste,
casi termino por ahogarte en un mar de sueños
y besos que el humo preparaba en la cocina.
Estuviste sentada en una banca esperando
por una vida que no era tuya y formaste
un nido con tres huevos y ninguno
fue de los que te di en noche buena.
Así que me voy con la tormenta del desierto
y un pesado dolor en la cabeza que retumba
pronunciando tu nombre y duele, duele mucho.

martes, 9 de diciembre de 2008

Sonambulos

La arena conserva tu nombre
en su salada agonía de verte.

Las gaviotas descansan en tus ojos
cuando duermes por las tardes.
Bajas las escaleras por un beso
y las subes para guardarlo bajo
[la almohada.

Creíste en el dolor toda tu vida
y el nunca fue a visitarte en el aire,
estabas enamorada de la luna fría
y ella jamas te miró en las noches.

Vas camino al puerto de los sueños
en tu caballo escoltado por luciérnagas.
Un ángel se esconde bajo tu sombrero
con una rosa y pesadillas entre labios.

Es hora de hacer el amor con las estrellas
y quitar toda esa pesada angustia que tus ojos
[llevan.
¡Chaz! - truenan los dedos rápidamente -
y la vida se extingue con el suspiro del sueño.

Son estas noches escasas de insectos
las que me dañan y me sumergen en el mar,
que mecen mi cuerpo con el perfume de
[tus pechos
en un abismo igual que el de tus palabras.

Una señora alimenta el suelo con pan
y las hormigas recogen algunas migajas,
yo intento robar un trozo del sagrado trigo
pero el dolor en mi pecho aumenta más.

Caigo rendido por los rayos del sol de agosto
y tratando de humedecer mi piel con tu recuerdo
y un poco de orina que guardaba para las heridas.